
... Que puedo decir, algunas veces es mejor no decir nada ...
El crepúsculo se mecía en el horizonte, detrás de los arboles, esa tarde como tantas otras. Era maravilloso el atardecer.
Y ellos ahí viéndolo.
Ambos mirando como si no vieran nada, un instante, y al siguiente viéndose uno al otro y sonriendo de su propia locura.
-Los secretos son secretos -dijo- y no siempre son revelados.
-¿Y entonces para que observa vamos? -pregunta.-¿No te has dado cuenta?, No has apreciado lo bello del atardecer. No había secreto que revelar, ya estaba revelado.
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