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Argentinidad al palo

Me da bronca vivir en un país así. Jamás imaginé ver a mi querida Argentina de esta manera. Esa que cuando era chica, era mi heroína.
Esa que, hace no tanto tiempo, era casi idílica, casi perfecta. Un paraíso en la tierra.
Hoy tengo miles de sentimientos encontrados.
No me puede entrar en la cabeza que nos dejemos manosear la soberanía. Terratenientes como los de 1800, esparcidos por todo nuestro territorio. Empresas que depredan y contaminan, y solo dejan desolación en cada uno de los pueblos, para luego llevarse todo lo recaudado.
O ver ese país que fue crisol de razas sólo de lejos, donde ser un boliviano, chileno, peruano o paraguayo es un pecado mortal y ser un judío es un karma.
Donde ser homosexual, aunque se haya avanzado con una ley igualitaria, sigue siendo un enorme problema.
Veo un país en donde la educación y la salud que siempre fueron públicas, son cada vez más privadas. Donde los programas escolares sólo completan horas y donde los maestros cobran 147 veces menos que gente que trabaja un día en la semana. Donde antes, el que iba a un colegio privado, era porque no le daba la cabeza para ir a uno público.
Vivo en un país donde se hace la vista gorda de la inseguridad y se la tilda tan solo de “sensación”. Vivo en un país en donde el facilismo está al alcance de las manos de cualquiera y, aún sin pagar agua, luz o cualquier otro servicio, se tiene derecho de cortar una calle e impedir trabajar a los demás que si los pagan, cuando ese servicio merma por cualquier motivo. Y además, se pretende cobrar subsidios por estar en “situación extrema”.
Este es mi país, donde los que elegimos para que nos gobiernen se la pasan peleando con los medios; donde deciden qué podemos leer o qué no.
Donde no entienden que DEMOCRACIA significa un poco más que poder votar cada 4 años, y etiquetan a todo el que tenga opinión opuesta como “golpista, gorila, cipayo”. O donde, si opinas a favor de una medida del gobierno de turno, sos “oficialista”. Un lugar donde quien cumple la función de controlar los precios se toma el atributo de cambiarlos a piacere.
Donde salís y no sabes si vas a volver. Donde uno está preso en su propia casa, enrejados.
Este es un país donde mucha gente ve que al que va adelante se le cae la billetera, y se la queda. Es un país donde, si devolvés algo que encontraste “sos un boludo”. Donde parece que está bien quedarse con el vuelto que nos dieron de más. Y después de predicar con el ejemplo, quejarse de lo corruptos que son los políticos.
Vivo en un país en el que la gran mayoría no reconoce sus errores. Si hay discusiones, nunca vas a escuchar decir “no estoy de acuerdo”, sino un certero “estás equivocado”.
Este país, donde uno “del interior” dice que los porteños somos todos “unas mierdas” y te exige respeto, pero no te lo da y te prejuzga por portación de domicilio o acento. Y claramente, es lo mismo al revés.
Mi país es este donde el que mata o viola tiene más “derechos humanos” que lo protegen, que la propia víctima.
Donde los chicos trabajan como esclavos de sus padres o roban. Donde los jubilados cobran miserias y otros cobran jubilaciones de privilegio.
Hace un tiempo, no muchos años atrás, leí en el Diario Clarín (ahora seguro me etiquetan de “facho” por haber osado leer tal basura. De todos modos, en ese tiempo, eran todos “amiguitos”). Decía, que en ese diario leí una columna ya clásica de uno de mis grandes referentes, Jorge Guinzburg, y me dejó pensando.
Pensaba que tal vez, y sólo tal vez, Jorgito esa vez, se equivocó. Pero no era más que un fiel reflejo de la sociedad argentina, quizá no en su conjunto…Generalizar es un vicio idiota y peligroso, pero que sí describe mucho del “ser argentino”.
Comparto con ustedes la columna en cuestión.

Test de Argentinidad por Jorge A. Guinzburg, de la columna dominical “Desde el diván”, Diario Clarín, 2004 o 5, no me acuerdo.



“Doctor-Fue mi primera palabra en sesión-, me contaron un cuento y eso me hizo reflexionar.
Bien-se alegró el terapeuta-, ya Freud trabajó sobre el chiste y su relación con el inconsciente. Cuéntemelo, eso ayuda al tratamiento.
Llega un hombre al infierno y descubre que está dividido por países. Comienza a recorrerlos para elegir cuál le conviene.
¿Y-pregunta en el infierno alemán-.como los tratan acá?
A la mañana-le cuentan-nos acostamos en la cama de clavos, por la tarde nos meten al fuego, y a la noche viene el diablo y nos revienta a golpes.
La misma respuesta recibe en el infierno suizo, el holandés, el japonés, el canadiense y el estadounidense.
De pronto descubre el infierno de Argentina; la cola es interminable, todos peleándose por entrar. Perdón-dice al entrar-, ¿acá sí los tratan bien? A la mañana-responden- nos acostamos en la cama de clavos, por la tarde nos meten al fuego, y a la noche viene el diablo y nos revienta a golpes. Pero, entonces-pregunta sorprendido-, ¿por qué tanta cola? ¿Sabe qué pasa?-le explican, los clavos se los robaron todos, el fuego no prende y cuando llega el diablo a la noche, firma y se va.
Al terminar el relato del chiste hice una pausa, esperando aunque más no fuera una sonrisa de mi psicólogo. No ocurrió. ¿Lo entendió?-pregunté preparándome para explicárselo.
Sí, claro-se ofendió. Solo que me preguntaba por qué ese chiste lo hizo reflexionar.
Muy fácil, me pregunté cómo puede darse cuenta alguien, más allá de donde haya nacido, si es argentino. Por eso elaboré un test para ayudarnos a encontrar la respuesta. Son sólo unas cuantas preguntas.
Por ejemplo: si al maniobrar para sacar mi auto estacionado rompo el farolito de otro, pero nadie me vio, ¿le dejo mi tarjeta para que se comunique conmigo o rajo?
En un kiosco, elijo lo que voy a comprar pero, al momento de pagar descubro que el kiosquero se quedó dormido, ¿lo despierto o me voy con todo?
En el cine, el boletero me dice que no hay más entradas, ¿me voy o le ofrezco más dinero?
Soy un vendedor a comisión en una boutique, ¿le aviso a la clienta que ese vestido le queda horrible o la convenzo de comprarlo?
Tengo un mercadito y por esas cosas de la vida, los productos me llegaron a un precio inferior, traslado el descuento a la góndola o lo vivo como una compensación por las veces que perdí?
Soy testigo en un juicio, ¿privilegio la verdad o digo aquello que beneficia a quien me eligió?
En la bocacalle, ¿dejo pasar al que corresponde o si mi auto es más grande meto la trompa y arremeto?
En el cuarto oscuro, ¿voto al mejor o al que más me conviene?
Al desenvolver un alfajor en el auto, ¿pongo el papel en una bolsita que llevo para esos menesteres o lo tiro en la calle?
Si me dieron vuelto de más, ¿le aviso o pienso en lo bien que me viene haber pagado menos?
Y si se olvidó de cobrarme, ¿se lo recuerdo o yo también me olvido?
Al denunciar algo, ¿siento que colaboré con la justicia o me siento un buchón?
Al presentar un presupuesto me proponen duplicarlo dando una parte como cometa, ¿lo hago o me retiro diciendo “yo no entro en esa”?
Mi hijo me muestra su nota sobresaliente y me cuenta que se copió, ¿me enojo con él o sonrío satisfecho por lo piola que me salió?
Un amigo me puede conseguir el registro de conductor, ¿se lo pido o rindo el examen como corresponde?
Puedo eludir parte de mi pago de impuesto, ¿lo hago o aporto todo porque eso contribuye a mantener las escuelas y los hospitales públicos?
Está bien, Jorge-interrumpió el terapeuta. Ya entiendo el test, ahora me gustaría saber cuál es la respuesta que determina mi argentinidad.
Entonces, recordando cuántas veces me lo había dicho él en sesión, le respondí con una pregunta: ¿a usted que le parece?”.

Bueno, creo que no tengo nada más para agregar. Sólo una duda respecto al tema: ¿A ustedes qué les parece?